Las apariencias engañan…
Sin rumbo prefijado, deleitándome con la simple navegación, por esa más que inmensa biblioteca global llamada Google, me encontré en openphoto con una imagen fascinante que trataba de seducirme, que destacaba y sobresalía de entre todas las demás, que, sin saber ni el porqué ni el cómo, fijó toda mi atención por un instante.
¿Qué era lo que yo había visto en ella? ¿era un simple espejismo? ¿porqué me seducía tanto que polarizó toda mi atención, nublando de mi mente otros pensamientos? … porque, tratando el asunto de forma racional, no eran más que unas hojas muertas, hojas que habiendo pasado sin pena ni gloria por toda una vida, unidas al árbol del que formaban parte, del cual vivían y le daban vida, pero que llegaron a su máxima expresividad una vez muertas, que cuando no podían aspirar a más es cuándo más daban de ellas mismas, y se entregaban, atizadas por el viento, para el disfrute y la alegría de ser contempladas.
Mientras, al paso del tiempo, irían siendo engullidas y volatilizadas por las fuerzas destructoras, llenas de vida, de la madre naturaleza , así iniciar un nuevo ciclo de vida, cerrando el círculo calládamente y entregadas en sacrificio como alimento, dentro de una rueda, de una cadena trófica sin fin.
¡Cuánta satisfacción, la de poder envejecer con tanta belleza,
cuánta admiración, de entre el silencio de un bosque otoñal que se marchita!
¡Cuánta envidia, la de los mortales que no saben irradiar tal hermosura,
en trances de madurez y de agonía, y reflejan el ocaso de la tarde.
Pero ¿era real lo que llegaba a vislumbrar? mi fascinación, el encanto que producía en mí la fotografía que observaba, me ocultaba otras realidades, quizás realidades que no deseaba ver. Mi orientación y mi tendencia, también mi estado emocional momentáneo, o mis anteriores vivencias, me polarizaban a ver lo que sólo quería ver y conformarme con una parcela de la polifacética realidad que acompaña a cualquier sensación. Mi percepción de la realidad era la mía y la de ese instante… y nada más. Sí, era real lo que veía. Un extracto de la realidad. Y qué importaba si esta realidad era muy mía y subjetiva. Llenaba un espacio en mi vida, un momento; y me introducía a otras percepciones de esta inconmensurable y ‘real’ realidad.
Evidentemente, la realidad que nos fascina y seduce no es lo que parece a primera vista, lo que percibimos. La superficie, la envoltura, la piel de lo que percibimos es la parte que primero vemos, la que destaca, y nos atrae, o llega a repeler, de entre el resto, que es el mundo de la indiferencia, como el ruido que, como poco, es molesto y molesta.
Por eso, porque las apariencias engañan, o porque nos dejamos engañar por las apariencias, que de todo llega a haber, la tozuda realidad se nos escurre, dificultándonos el saber discernir lo correcto de lo incorrecto, el ser, de la forma, el discurrir, de los acontecimientos, las causas, de sus posibles y distintos efectos…




ste Blog nace sin contenido específico, pues son tantos los que tengo en mente que no se por cual decantarme. Hoy en día, y por la crisis en la que estamos inmersos, o la que se nos avecina, como más de un agorero aún piensan (confían) en que todo termine en una crisis de dimensiones apocalípticas, se reproducen como champiñones los blogs ‘especializados‘ en Temas Económicos – o diríamos más bien – en la Crisis Económica que padecemos o que padeceremos. Y entrecomillo lo de especializados, al ser la especialización en comentar artículos de otros que a su vez hacen comentarios de otros artículos que siguiendo la cadena terminan en comentarios sobre artículos escritos en inglés (americano).